¿De dónde vienen las nueces?

Come nueces y disfrutarás de una mente privilegiada, una memoria de elefante (por no decir de mamut) y un corazón a prueba de maratones. Aunque es probable que eso ya lo sepas. Pero ¿sabes de dónde proceden nuestras nueces? ¿De California, ibas a decir? Pues sí, pero no. O no siempre, para ser más exactos. ¿A que no sabías que en España también se cultivan nueces y son deliciosas?

Lee esto con atención mientras comes un puñado de nueces o das un trago a una bebida de nuez, para que permanezca en tu memoria y no des un respingo cuando alguien te cuente de dónde vienen nuestras nueces: son de Extremadura y de Granada. Seguramente, más de cerca de ti de lo que imaginabas. Eso es proximidad y lo demás son cuentos chinos (y China, amigos, cae muy lejos).

No se trata de una apuesta reciente, ahora que los productos locales y de proximidad se han puesto de moda. Al contrario: los nogales extremeños producían ya en 1978, mucho antes que la filosofía slow food y la fiebre por el kilómetro 0 llegasen a nuestras vidas. Y nos gustan nuestras nueces porque son maravillosas y no tienen nada que envidar a las demás. Y punto.

Al ladito de Badajoz encontramos una plantación de 1.000 hectáreas de nogales y a orillas del Guadiana, otra de 300. Una hectárea, para que te hagas una idea, equivale a un campo de fútbol; no es poca cosa. La plantación extremeña, por ejemplo, duplica de sobra la californiana, que suma 400 hectáreas. ¿Verdad que no te lo imaginabas? Y es que a veces cuesta ver lo bueno cuando lo tenemos cerca. Sin embargo, nunca es tarde para rectificar.

El terreno y la climatología de las plantaciones españolas es muy parecido al de California: frío en invierno para que la planta repose y buen clima en primavera para que el fruto se desarrolle bien. Se mima cada árbol como si fuera el único (cómo tenemos las fincas: ¡da gusto verlas!), y ese trabajo y esas atenciones dan como resultado unas nueces que apenas se diferencian de las americanas por su tamaño, ya que las de aquí solo son un poco más pequeñas. Además, son igual de sabrosas, ya que pertenecen a la misma variedad. Y es que para qué cambiarla si es tan rica, ¿no?

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