Halloween o Todos los Santos: ¿Qué recetas están más buenas?

Nadie va a negar a estas alturas que unos platanitos fantasmagóricos, unas salchichas con forma de uña sangrienta o una simpática calabaza desdentada son muchísimo más divertidos que nuestros clásicos panellets de Todos los Santos. Unos huevos con forma de tarántula arrancan más sonrisas que un cucurucho de castañas, y unas piruletas-momia superan en carisma a un pan de muerto. Pero, estética aparte, vayamos a la gran cuestión: ¿están más buenos? ¿Quién gana la batalla gastronómica del otoño por excelencia, Halloween o Todos los Santos?

Chuches versus panellets
. La respuesta a esta cuestión es muy sencilla y radica en si tienes más de 12 años o menos. Los menores suelen decantarse por una bolsaza de golosinas multicolor y dejar de lado ese amasijo contundente envuelto en piñones, que alguien con canas ha estado amasando en casa durante horas. Luego uno cumple 12 años y empieza a arrancar hojas del calendario, se hace más sabio y su paladar gana en matices y sensatez. Es entonces cuando empezamos a valorar los panellets, ese mazapán típico de Todos los Santos en Cataluña que, apenas un par de días cada año, nos zampamos como si no hubiese un mañana.

Boniato versus calabaza. Aquí encontramos un empate técnico de manual. Ambos son versátiles y dulzones, ideales tanto para una crema como en una guarnición asada. Suelen ser del agrado de todos los paladares, aunque las calabazas pueden tunearse y utilizarse para dar sustos, y a ver quién iguala eso.

Pan de muerto versus manzanas caramelizadas
. En esto, como en tantas otras cosas (los narcocorridos, el guacamole…), México gana por goleada a los Estados Unidos. El pan de muerto, unos deliciosos bollos con azúcar que constituyen para muchos la octava maravilla del mundo, se vende también en numerosos establecimientos de nuestro país, y se ríe sonoramente en la cara de cualquier manzana, por muy caramelizada que esté.

Buñuelos de viento versus madalenas con telaraña. Los buñuelos de viento propios de Todos los Santos en numerosas provincias españolas son un placer divino que sigue provocando más de una indigestión en esas reuniones familiares épicas. Porque todo el mundo sabe que existe una máxima en el mundo del buñuelo que conviene tener en cuenta: nunca nadie se ha comido uno solo. Crean adicción, están esponjosos y dulces y nos recuerdan la cantidad de cosas maravillosas que pueden hacerse con agua y harina. ¿Quién quiere cremas rocambolescas, colorantes, aditivos y todo ese exceso de azúcar que llevan las madalenas? Probablemente, solo aquellos en edad escolar.

Castañas versus piscolabis fantasmagóricos. Amigas castañas, estáis muy ricas. Hay quien os toma con vino, y a muchos les resbala una lagrimilla por el rostro al toparse con una castañera ancianita, envuelta en una humareda en una tarde otoñal. Pero no os vamos a mentir: nunca tendréis nada que hacer contra unos dedos de bruja sangrientos, unas Oreo-tarántula, unas tumbas de chocolate, unas pizzas-fantasma o unas piruletas-búho.

Ir al cementerio versus disfrazarte de zombi y pedir chuches a tus vecinos. No hace falta añadir nada más.

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