Aceite de oliva, energía en un frasco

Las grasas son indispensables para el organismo. Para su buen funcionamiento. Son una de sus principales fuentes de energía y muy beneficiosas para la salud, solo hay que saber elegirlas adecuadamente.

Necesitamos energía para vivir, para desarrollar la actividad que exige el día a día; para movernos, pensar, y para que se lleven a cabo todos los procesos internos que hacen que nuestro cuerpo funcione. Los carbohidratos (hidratos de carbono, azúcares), las proteínas y las grasas son las tres principales fuentes de energía para el organismo.

Sin embargo tendemos a reducir el consumo de grasas en nuestra dieta, pensando que “engordan”, y eso no es más que una lectura muy sesgada del asunto. Cierto es que el aporte calórico/energético es mayor que el de las proteínas y carbohidratos (4 Kcal. por gr. frente a las 9 Kcal. por gr. de las grasas). Y también es cierto que las grasas se queman más lentamente, que su función es la de generar reservas de energía. Pero como todo, en el equilibrio está la fórmula. Y en estar informado y saber elegir, el éxito de la misma.

Consumir 30-40 gr. de aceite de oliva al día, no solo no “engorda” sino que permite un aporte energético sano y completo. Primero, porque dentro de las grasas, el aceite de oliva pertenece a la familia de las monoinsaturadas, que son las grasas más sanas. Y segundo, porque además de la energía regala al organismo un buen número de cosas positivas: reduce los niveles de colesterol malo, cuenta con propiedades antioxidantes, es un gran aliado cardiovascular y tiene un alto contenido en vitamina E que, además, necesita de los lípidos ya que únicamente es soluble en grasa, algo que pasa también con las A, D y K.

La proporción de energía dentro una dieta equilibrada debemos obtenerla así: un 50-55% de hidratos de carbono (con menos del 10% de azúcares), 15-20% de proteínas y 25-30% de grasas, de las cuales se aconseja que sea menos de un 7% saturadas, entre un 7-10% poliinsaturadas, monoinsaturadas un 15% y trans menos de un 1%. Con los números en la mano queda clara la importancia de las grasas, en especial de las grasas monoinsaturadas, dentro del reparto de las fuentes de energía para una dieta equilibrada.

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